Novela completa
Antagonismo
Antagonismo es una novela terminada, publicada aquí por capítulos.
La obra recorre las contradicciones del ser humano, sus luchas internas, sus máscaras, sus heridas y las fuerzas que lo empujan a enfrentarse consigo mismo y con el mundo que habita.
En sus páginas conviven el conflicto interior, la crítica a la sociedad, la búsqueda de sentido y una mirada sobre aquello que divide, transforma y pone a prueba la conciencia humana.
Los capítulos están organizados en orden de lectura.
La contradicción es un elemento propio del ser humano. Existe en lo objetivo (bien- mal) y en lo subjetivo (amor – odio), en lo grande y en lo pequeño. El día a día de cada uno de nosotros está colmado de contradicciones: deseamos tener una figura esbelta, pero también comernos el helado de chocolate que truncará nuestras buenas intenciones.
El encuentro
Era improbable que nos encontráramos de nuevo, y mucho menos aquí. Pensé que era algo inconcebible, imposible, irrealizable. Después de todo lo convenido. Cuando recibí esa llamada, en un principio no reconocí la voz, oí el nombre y no pude recordarlo. Hasta que mencionaste La Tierra. Aquella Tierra inolvidable, que todavía, luego de transcurrir veinte años, no me deja conciliar el sueño. Cada vez que cierro los ojos, horrores inimaginables ingresan de la oscuridad y actúan en el escenario de mi mente, llevándome a un abismo que me aferra al borde de la locura. En las noches me descubro con el sudor ahogando cada uno de los poros de mi piel, mientras mi garganta lucha por desalojar el terror de un sueño con un grito que muere en la incapacidad de mi conciencia.
I
El día era especial en muchas maneras. Era el final de los exámenes de la universidad, habían entregado las notas y yo estaba contento porque había aprobado todas las materias. No con un excelente, pero las había aprobado y era lo que importaba. El Efecto del Niño estaba calentando la ciudad de una manera increíble y daba la impresión de que me encontraba en la costa o en algún lugar del trópico y eso me encantaba. El hecho de que por ese efecto se secaban las reservas de agua de la ciudad y que se perdían las cosechas y el ganado moría de hambre, no me importaba. Sabía que no me afectaría, no demasiado. También era viernes, día en el que nos reuníamos con mis amigos a salir a tomar unas cuantas cervezas, bailar y divertirse hasta el cansancio o hasta que la policía cerrara el local por la ley zanahoria[1]. Hoy se cumplía un año de tener a Sandra como mi novia y cualquier cosa podía pasar. En fin, era uno de los pocos días del año cuando todo es perfecto y salía mejor de lo planeado.
II
Eran más de las nueve de la noche cuando por fin, después de convencer a JJ a que soltara por las buenas la botella de cerveza vacía y dejarlo con Heitter en el casino, decidí emprender rumbo a casa. Tenía una cita con Sandra y no podía faltar. Quedamos en ir a la Zona Rosa a celebrar nuestro aniversario y quizás algo más... Me encontraba con el ánimo en alto, pero la presencia de Andrés en el carro, con su cara larga y el inusual silencio que provenía de él, no dejaban que mi cara expresase mis verdaderos sentimientos.
III
Tres meses después, Andrés vivía en un apartamento, rentado en el centro de la ciudad. Sus padres no le perdonaron su fracaso y mucho menos la expulsión de la universidad. Simplemente, le entregaron dinero y dijeron que de ahora en adelante se valdría por sí mismo.
La primera sesión
—...En ese momento todo comenzó. — Ahora, después de que el alcohol comenzó a hacer efecto en mí y las ideas e imágenes encuentran la manera de esquivar las formas terroríficas o convertirlas en sombras sin significado, me encuentro más calmado. Tú te sientes de la misma manera. Aunque tu preocupación no ha disminuido, por lo menos ha sido empañada y aturdida por el vaho del licor. Ya hemos consumido más de una botella de vodka y sin embargo hasta ahora comenzamos a sentir los efectos. Me encantaría perder el sentido, emborracharme hasta disiparme totalmente y dejar que mi subconsciente tomara el cargo. Y, aunque lo intento, no puedo. El mesero no nos quita el ojo de encima, después de la pequeña escena, y le estoy agradecido de cierta manera.
I
Estábamos sentados en un sofá gigantesco, ubicado estratégicamente frente al escritorio del psicólogo. Andrés suponía que él sólo era una persona versada en hipnotización y que veníamos a experimentar. Sin embargo, comenzó a sospechar cuando Heitter entró solo. Le explicamos que eran amigos y que quería verificar que nadie estaba con el doctor,en ese momento. Al cabo de un rato, Heitter se asomó por la puerta, y nos invitó a pasar.
II
Durante el espacio de dos semanas escuchamos las cintas, siguiendo las instrucciones paso a paso. Aprendimos a controlar la respiración, a relajar cada músculo de nuestro cuerpo, por más insignificante que fuese, en cuestión de segundos. No tardamos en sentir los efectos de dichas prácticas, en nuestros cuerpos y mentes. Con cada nuevo día nos sentíamos más llenos de energía y ganas de vivir. El sueño se hizo más tranquilo y placentero. Curiosamente, ya no nos irritábamos por cualquier cosa y respirábamos un ambiente de paz que nunca sentimos. Las relaciones con nuestros padres también mejoraron. En la universidad, estudiábamos con mucho más ahínco y además, facilidad. Los profesores estaban sorprendidos con JJ, quien pasó de ser el alumno que siempre estaba detrás de ellos pidiendo cualquier explicación, a ser uno de los mejores del grupo. La imaginación parecía no tener límites, al jugar en Rol. Andrés comenzó a sobreponerse a los problemas personales y, gracias a su empeño y conocimientos adquiridos en la universidad, obtuvo una promoción en el almacén. No era gran cosa, ahora trabajaba como cajero, pero el aumento en el sueldo no se hizo esperar y siempre era bien visto por sus superiores.
III
No sé cuanto tiempo permanecí en la oscuridad. Sentía que me estaba ¿recargando? mejorando en mi espíritu. Había algo así como un bálsamo mágico que curaba todas las dolencias y me hacía olvidar las experiencias malas de la vida. Realzaba todo lo bueno que me ocurrió. También veía todo lo malo realizado hasta ese momento. Los errores que antes consideraba olvidados y perdonados, volvían como en una cinta sin fin y desfilaban una y otra vez delante de mí. Pero no me sentía mal. Al contrario, ahora sabía qué cosas malas realicé y sabía como contrarrestarlas. Como deshacer lo mal hecho. Entonces, cuando ya estaba ¿deseando? resignado a permanecer eternamente en ese reposo benéfico, la oscuridad dio paso a una luz tenue; la podría describir como el principio de un amanecer tan hermoso como el nunca antes visto.
IV
El regreso a nuestras casas fue en silencio total. Nadie hizo comentarios. Si acaso cruzábamos alguna palabra, era para saber que presentarían por la televisión esta tarde, o consultar los resultados de los partidos de fútbol. Acompañamos primero a Andrés, quien vivía cerca del consultorio. Enseguida yo, sacando mi carro del estacionamiento de visitantes del conjunto residencial, me despedí de mis amigos. Ni siquiera puse atención a que ninguno pidió que lo llevara.