Novela completa
Antagonismo
Antagonismo es una novela terminada, publicada aquí por capítulos.
La obra recorre las contradicciones del ser humano, sus luchas internas, sus máscaras, sus heridas y las fuerzas que lo empujan a enfrentarse consigo mismo y con el mundo que habita.
En sus páginas conviven el conflicto interior, la crítica a la sociedad, la búsqueda de sentido y una mirada sobre aquello que divide, transforma y pone a prueba la conciencia humana.
Los capítulos están organizados en orden de lectura.
V
De nuevo estábamos reunidos en el apartamento de Andrés. Su pequeña vivienda se convirtió, de improviso, en nuestro centro de concurrencias. Ahí no había padres que nos molestaran, ni hermanos o hermanas que pidieran favores. Podíamos hacer todo lo que quisiéramos y hablar sin remordimientos y sin ocultar el verdadero sentido de las palabras. No era que desconfiáramos de nuestras respectivas familias. Simplemente, existían cosas que la familia no debe saber ya que, si las supiera, no las aprobaría o entendería. ¿Y cómo explicar a alguien la experiencia por la que pasamos? ¿La entenderían?
LA SEGUNDA SESIÓN
Cuando miró atrás y recuerdo lo ocurrido esa noche, me maldigo una y otra vez por mi propia estupidez. Si yo no actuase tal y como lo hice, Andrés no recibiría esa puñalada y los hechos posteriores no se desarrollarían como lo hicieron.
Ya está amaneciendo y evoco con nostalgia que a esta hora todo estaría cerrado. El recordar lo sucedido a Andrés, me llena de tristeza y también algo de hilaridad, por lo que ocurriría un poco después. Tú, estás determinado a finalizar con tu plato y ni siquiera me miras. El mío ni siquiera está empezado. Durante toda la cena, el único que ha hablado soy yo. Me detengo y noto que perdí el apetito. Pido al mesero que retire la comida y traiga un tinto y un paquete de cigarrillos.
I
— ¿Está seguro de que ese desgraciado cayó desmayado y no muerto? — Preguntó JJ por enésima vez. Y yo, cansado, respondí afirmativamente. No entendía esa preocupación por la suerte del segundo atracador. El primero, asumía que estaba muerto. El segundo sobrevivió, pero eso ¿qué importancia tenía?
II
La mañana era gris. Llovió durante toda la noche y todavía el agua resbalaba, ora lenta, ora demasiado rápido por los cristales de las ventanas que daban a mi habitación. Un frío intenso se colaba por la ventana medio abierta, junto con unas cuantas gotas de agua, que alcanzaron formar un charco sobre la alfombra. Miré el reloj y no con sorpresa me di cuenta que ya era mucho más del medio día. Después de todo, la noche anterior llegué a la casa a las cinco de la mañana. Luego de desperezarme, tomar un baño y cepillarme los dientes, encontré que la casa estaba sola. Eso quería decir que mi familia salió a almorzar a algún restaurante.
III
Al entrar en el consultorio, el viejo nos miró de arriba abajo y, con una sonrisa mordaz, trató de confirmar la frase con la que nos despidió en la última ocasión:
— Ya decía que no todos volverían...
IV
En la casa, de nuevo, no había un alma. Pero en esta ocasión no tenía a donde ir. No quería llamar a mis amigos, ya que temía la sola presencia de ellos. Si alguno llegase a mencionar la última sesión, me volvería loco. Todas esas dudas en mi cabeza. Estaba luchando conmigo mismo.
EL PRINCIPIO
Pasaron dos días después de nuestra reunión en ese bar. Luego de consagrar la mesa, nos quedamos tomando hasta la una de la madrugada, momento en el cual, el mesero nos sacó a patadas del lugar. Aunque todos aceptamos ir, ninguno fijó el día o momento exacto para iniciar lo que debía iniciarse. Gracias a Dios, mi familia salió de viaje a otra ciudad, por negocios. Me encontraba completamente solo y estaba agradecido por ello. Si ellos me vieran ahora: pálido, despeinado, sin bañarme y sin comer nada, deambulando por la casa como un fantasma que no tiene ninguna intención de abandonar el lugar y no sabe en que ocupar su mente o sus actos. Subí a mi habitación y me acosté en la cama, mirando el techo. Una idea se formaba en mi cabeza: si el ser dijo que el tiempo no importaba, podía ir allá sin ningún problema y demorarme quinientos años y, al regresar, encontraría todo igual. Quería iniciar el viaje. Esa era la única manera de acabar, de una vez por todas, aquella incertidumbre que me estaba matando.
II
El sol se encontraba en lo alto, cuando por fin me levanté. Acostumbrado a depender del despertador electrónico para levantarme, no desarrollé mi reloj interno. El cuarto vecino, donde conocí a Xillen y a Vilikres, se encontraba vacío. Con cierto temor, me dirigí a la puerta de salida. Por primera vez vería el mundo en el que me encontraba, porque hasta ahora, mi experiencia se reducía a mi habitación y el cuarto contiguo. Con lentitud, abrí la puerta y... ni siquiera me asombré.
III
Sentí como alguien me sacudía del hombro y abrí los ojos sobresaltado. JJ se inclinaba sobre la cama y me sacudía con cierta violencia. Dijo que todos estaban levantados y que era hora de que hiciera lo mismo. Me esperaban en la pequeña sala de mi cabaña. El silencio que nos rodeaba, no presagiaba nada bueno. La noche no sólo renovó nuestras fuerzas, también nuestras dudas. Ese sentimiento de generalizada incertidumbre flotaba en la habitación, impregnando todo y a todos con su desagradable sustancia.
IV
Esta era mi última noche en un lugar seguro. En la taberna, tomamos bastante de un líquido rojo, que nos sirvió el tabernero. Lo reconocí vagamente como vino, aunque no pude especificar su procedencia o de qué era. Tomamos, hasta que JJ dio de cabeza contra la mesa y roncó como un toro salvaje. Xillen nos acompañó durante la estancia, aunque no probó una copa de vino.