Poemas
Versos para detenerse
Poemas nacidos de la introspección, la memoria y la búsqueda interior.
Cada uno es una pausa. Una pregunta. Un reflejo.
Algunos hablan del amor. Otros de la pérdida, la fe, el tiempo o la condición humana.
Una selección de versos escritos a lo largo de los años, unidos por una misma necesidad: comprender.
¿Para qué encendí el televisor?
Si las noticias en él son una mierda.
Si la mentira desborda la pantalla.
Y corren ríos de sangre en ella.
Y las noticias son todas negativas.
Y los programas son de antivalores.
Los presentadores te mienten a la cara.
Los políticos destrozan las razones.
En las lecciones del amor y las lecciones de la vida,
Se va gastando la pasión y se agota la energía.
No queda más que el día a día, que mata más de un amor,
Y deja a un lado la alegría que es carcomida por botor.
¡Oh, el amor! Pasión de locos, pasión que mata la razón.
El despertar es doloroso, una resaca con dolor.
Pero pensar en ese estado, cuando el corazón va a estallar,
Nos lleva de nuevo al pecado, y de nuevo a amar.
¡Ganado! ¡Es simple ganado!
Tan solo cabezas puedo contar.
Y son cabezas de seres humanos,
Que al son del látigo bailan sin cesar.
Y es el pastor quien les da la tonada,
Y al son que les tocan van a pastar.
No importa ni el qué, ni el dónde, ni el cuándo.
Si el pasto es verde, ahí irán a tragar…
La aventura de vivir comienza hoy,
Igual que ha empezado el mañana.
En el eterno futuro del presente,
El amor es quien a mí me llama.
Así como me llama el pasado,
El futuro, también a mí me aclama.
Y los reúno a todos en presente,
Para sentir a fondo al que ama.
El mundo de nuevo está en el borde del llanto
El planeta entero ya no puede más.
El hombre, poco a poco, se está desangrando,
En una guerra estúpida e igual de tenaz.
Desde siempre nos han inculcado el odio,
Siempre destacando nuestra superioridad…
Más nunca nos dicen que también hay otros,
Y que también a ellos les enseñan a odiar.
Tal vez, en algún lado del mundo,
Ahí donde el sol no se puede ocultar,
Existe un lugar que sea sólo belleza,
Un oasis muy mío y muy singular.
Un oasis que calme la sed del sediento,
Que proteja del frío y del calor.
Que sustente mi alma y de alimento,
Que florezca en ella la flor del amor.
Hay que escribir un poema,
De ello tengo hoy necesidad.
Pero las letras no salen de mi alma.
Mi alma, hace rato muerta está.
Murió en la encrucijada de traiciones,
De perfidias y odios pasajeros.
De destrozos y lamentos pendencieros.
Y fue enterrada con el canto del zarcero.