Poemas
Versos para detenerse
Poemas nacidos de la introspección, la memoria y la búsqueda interior.
Cada uno es una pausa. Una pregunta. Un reflejo.
Algunos hablan del amor. Otros de la pérdida, la fe, el tiempo o la condición humana.
Una selección de versos escritos a lo largo de los años, unidos por una misma necesidad: comprender.
Después de mucho navegar en un mundo de basura,
Regresé a la realidad, entumecido y en ayunas.
Sin saber, ni comprender, lo que había sucedido,
Y por qué, yo, de repente, estaba todo encanecido.
Miré con susto el espejo y me encontré con ojos tristes.
Cansados, turbios, hundidos, como si fuese un mal chiste.
Sin comprender y aun con miedo miré abajo, a mis manos,
Y me encontré con mil arrugas que asemejaban a un anciano.
¡Cómo quisiera que el tapón en mi cabeza,
Se destrabara y me dejara libre!
Quiero salir de la cárcel de mi mente,
Y dejar que mis fantasmas vuelen libres.
Quisiera aflojar cadenas,
O romperlas en miles de pedazos,
Y volver, volver a ser quien era,
Sin amarres y sin miedo a fracasos.
Habíamos jurado proteger, del mal
lo que es nuestro planeta.
Y, a través del tiempo, lo hicimos bien.
Cumplimos cabalmente nuestra meta.
Pasamos a través de cambios y muerte.
De destrucciones y renacimientos.
Vimos a la humanidad nacer,
Y crecer y descubrir conocimiento.
Oh, Creador, que aún me oyes, escucha esta plegaria.
No dejes que el hombre caiga más en la desgracia.
No dejes que su corazón, malvado y también puro,
Se queme en ansias de matar, acabar con su futuro.
Te ruego, como otros más, piedad por nuestras almas,
Que tanto en tanto rezan más, sin fe ni esperanza.
Te ruego: ven acá abajo, y mora con nosotros.
Y guíanos por entre el mal y al fin de lo que somos.
¡Si tú supieras, corazón, la vida que he seguido!
Cuando te fuiste sin razón, sin haberte despedido.
Tal vez dirías que, sin ti, mi vida es destruida,
Pero en verdad no es así: ¡mi vida es divina!
Y el camino que he elegido, me lleva por las buenas.
La gente vuelve a sonreír, ya no me acechan hienas.
Ya el miedo y el temor, son cosas del pasado,
Cuando temía, corazón, las hieles de tu hado.
Mi amor, amor, no existe sin tu alma.
Tu amor, amor, no existe sin la mía.
Pues es la vida, amor, una agonía,
Cuando nuestras almas se separan.
Te amo, amor, con toda mi esencia.
Te amo, amor, con todo lo que soy.
Te entrego a ti, amor, con mis caricias,
Todo mi ser y mi cansado corazón.
Mi mundo es felicidad, ya que no hay otra salida.
Pues la prisión de la verdad no es una tarima.
Tan sólo queda sonreír, demente, cual verdugo,
Cuando al caer la hora fatal al muerto yo desyugo.
Qué triste, triste emoción, salir hacia afuera,
Y ver la luz por vez primera y ver una quimera.
Y ver que la realidad del ser, deslumbra cual candela,
Y quema, quema sin dolor, consume toda vela.