Poemas
Versos para detenerse
Poemas nacidos de la introspección, la memoria y la búsqueda interior.
Cada uno es una pausa. Una pregunta. Un reflejo.
Algunos hablan del amor. Otros de la pérdida, la fe, el tiempo o la condición humana.
Una selección de versos escritos a lo largo de los años, unidos por una misma necesidad: comprender.
Tal vez este vacío me lo gané a pulso.
Tal vez el sinsentido es lo que prima hoy.
Tal vez el mundo entero, sumido en hedonismo,
Ha puesto a la venta, todo lo que soy.
Tal vez en mi entereza, he sido destruido,
Creyendo como idiota, que hay una verdad.
Tal vez es la mentira la que es la reina,
Y yo, solo un peón de lo que es la realidad.
Me está costando mucho escribir.
Las palabras en mi mente se embotan.
Ya no siento la alegría de vivir.
Y las letras tampoco ya importan.
El sentimiento me es desconocido.
La esperanza se perdió en las tinieblas.
Y los sueños fueron destruidos.
En la oscuridad no veo una vela.
El tiempo cura las heridas,
Nos da el temple a seguir,
Pero nos quedan cicatrices,
Con las que hemos de vivir.
El tiempo sigue su camino,
Y nos afana por la vida,
Pues poco tiempo ha transcurrido,
Y poco hay a la salida.
Mi mente hoy ha explotado.
Yo he perdido la razón.
Ya he perdido la esperanza,
Y con ella el corazón.
El mundo hoy me es oscuro.
El sol no veo yo brillar.
Oscuridad del sinsentido,
Sin saber a quién amar.
Mucho tiempo ha pasado, lo acepto.
Mucha agua bajo el puente ha corrido.
He vivido como un zombie de la noche,
Sin saber lo que había ocurrido.
No entendía, no quería entenderlo,
No aceptaba que mi vida había cambiado.
No sabía que lo que yo sentía,
Era el vacío que su ausencia ha dejado.
Ya no escucho la música de antes,
Y ya no oigo el ritmo del amor.
La vida sólo la vivo en instantes,
Por pedacitos, recojo el corazón.
La vida misma, parece estancada,
Hoy ha perdido su belleza y color.
En grises tonos me inunda las entrañas,
Y el dolor ha reemplazado el amor.
La conocí una mañana, cuando el sol estaba alto,
Y era fuerte y pegaba, me deslumbraba su encanto.
Y el olor de su perfume, la ambrosía que embriagaba,
Y el sonido de su voz, cuyo timbre embelesaba.
Me acerqué hasta esa reina, rodeada de la gente,
Pues era el centro de atención, de la multitud latente.
Pendiente de cada palabra, cada suspiro y sonrisa,
Su voz hermosa me atraía y me encantaba a mí su risa.