Me preguntaron por qué no he escrito sobre las elecciones presidenciales en Colombia. La verdad es un tema que he querido evitar a toda costa. No porque me sienta inhibido de alguna forma para escribir sobre las elecciones, sino porque considero que, en Colombia, desde hace algunos años, o más bien décadas, las elecciones son una farsa. No es solamente el proceso electoral, desde mi punto de vista, que es una farsa. Los candidatos y las propuestas de los mismos dejan muchísimo que desear.

El ciego y el color azul

¿Cómo explicar a un ciego de nacimiento como es el color azul? Es más, ¿cómo explicarle que el mundo está lleno de colores? Y no solamente los básicos, sino que son millones. ¿Habría un método científico para hacerlo? La verdad no lo creo. Ni siquiera me consideraría capaz de explicar cómo o qué es el color azul a alguien que sí ve, menos a alguien ciego. La única forma que conozco para hacerlo, es mostrar un objeto de ese color.

Los últimos diez años los colombianos han sido testigos del destape de muchas ollas podridas en el país. En las tres ramas del poder, en la economía, en los bancos, en la policía, en el ejército, en el gobierno, en la oposición al gobierno… En fin, en todas partes. Desde relaciones con el narcotráfico, grupos al margen de la ley y desfalco del erario público, hasta viles casos de corrupción de la alta clase política ya forman tal parte del diario vivir del colombiano. Y lo peor, es que el colombiano sigue esperando a que el lío se resuelva por sí solo.

Suena bonito, ¿cierto? Dos de los preceptos más importantes acuñados por la sociedad occidental durante el siglo XX, llevados a su apoteosis teórica durante el XXI. Libertad y prensa. Autonomía de la palabra como un apoyo y base de la democracia que, de acuerdo a muchos, es el pilar del mundo civilizado moderno. Lástima que se ha quedado sólo en teoría y palabras bonitas. Nada más.

Me encanta la conchudez de la gente. En serio, estoy asombrado hasta la médula al ver las noticias, opiniones, caricaturas y videos sobre la decisión de Donald Trump de abandonar el Pacto del Clima. Claro está, todas negativas. El malvado de Trump está llevando el mundo a la olla al sacar a su país de un pacto que, a la hora de la verdad, no ha servido ni servirá para nada. Y la gente parece no comprender que esta decisión de Trump en poco o en nada evitará, aumentará o disminuirá la destrucción a la que, hoy por hoy, sometemos a nuestro planeta.

El primer libro serio que leí, a la tierna edad de siete años, fue “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. No es sorprendente que quedé atrapado de forma inmediata en ese mundo de aventura, de piratas, de tierras nuevas para descubrir y explorar, de muerte y de soledad. Lo leí en dos o tres días, según recuerdo. Por esa época estaba hospitalizado y disponía de todo el tiempo del mundo. También fue por esa época que comencé a dañarme los ojos al leer por la noche, debajo de las sábanas, acompañado de la luz amarillenta de una linterna para no ser detectado por la enfermera de turno.

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