Los últimos diez años los colombianos han sido testigos del destape de muchas ollas podridas en el país. En las tres ramas del poder, en la economía, en los bancos, en la policía, en el ejército, en el gobierno, en la oposición al gobierno… En fin, en todas partes. Desde relaciones con el narcotráfico, grupos al margen de la ley y desfalco del erario público, hasta viles casos de corrupción de la alta clase política ya forman tal parte del diario vivir del colombiano. Y lo peor, es que el colombiano sigue esperando a que el lío se resuelva por sí solo.

Suena bonito, ¿cierto? Dos de los preceptos más importantes acuñados por la sociedad occidental durante el siglo XX, llevados a su apoteosis teórica durante el XXI. Libertad y prensa. Autonomía de la palabra como un apoyo y base de la democracia que, de acuerdo a muchos, es el pilar del mundo civilizado moderno. Lástima que se ha quedado sólo en teoría y palabras bonitas. Nada más.

Me encanta la conchudez de la gente. En serio, estoy asombrado hasta la médula al ver las noticias, opiniones, caricaturas y videos sobre la decisión de Donald Trump de abandonar el Pacto del Clima. Claro está, todas negativas. El malvado de Trump está llevando el mundo a la olla al sacar a su país de un pacto que, a la hora de la verdad, no ha servido ni servirá para nada. Y la gente parece no comprender que esta decisión de Trump en poco o en nada evitará, aumentará o disminuirá la destrucción a la que, hoy por hoy, sometemos a nuestro planeta.

El primer libro serio que leí, a la tierna edad de siete años, fue “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. No es sorprendente que quedé atrapado de forma inmediata en ese mundo de aventura, de piratas, de tierras nuevas para descubrir y explorar, de muerte y de soledad. Lo leí en dos o tres días, según recuerdo. Por esa época estaba hospitalizado y disponía de todo el tiempo del mundo. También fue por esa época que comencé a dañarme los ojos al leer por la noche, debajo de las sábanas, acompañado de la luz amarillenta de una linterna para no ser detectado por la enfermera de turno.

Hace ya treinta y dos años que vivo en Colombia. Llegué el 1 de agosto de 1985. Crecí con los colombianos de la generación de los 70. Viví, como todos, el terror de la época Escobar en Bogotá. Temí por mi vida y la de mi familia cuando estallaban los carros bomba, cuando el miedo rondaba las calles y hablar la verdad equivalía a firmar su sentencia de muerte. Y, como todos los colombianos, soñaba con un futuro libre de miedo. Libre de sangre. Libre de asesinatos. Quería una Colombia en Paz, confiable y segura de sí misma. Más aun, cuando veía todas las riquezas que tiene el país, comenzando por su gente…

¡Estoy hasta la coronilla de Trump!

Cada vez que abro un periódico virtual, entro al río de noticias de Facebook o Twitter, miro Google o busco la sección de caricaturas de cualquier periódico, lo veo por todas partes. Trump a la izquierda, Trump a la derecha, Trump al centro, Trump abajo y Trump arriba. Y si no es Trump, entonces es Melania. Y si no es Melania, entonces son notas de famosos que hablan sobre Trump, Melania o Ivanka. Y todas las notas: en su contra.

Joomla templates by a4joomla