III

Sentí como alguien me sacudía del hombro y abrí los ojos sobresaltado. JJ se inclinaba sobre la cama y me sacudía con cierta violencia. Dijo que todos estaban levantados y que era hora de que hiciera lo mismo. Me esperaban en la pequeña sala de mi cabaña. El silencio que nos rodeaba, no presagiaba nada bueno. La noche no sólo renovó nuestras fuerzas, también nuestras dudas. Ese sentimiento de generalizada incertidumbre flotaba en la habitación, impregnando todo y a todos con su desagradable sustancia.

— No creo que venga. — Sentenció Miguel, con tono tajante. — Lo mejor que podemos hacer, es salir de aquí. Regresar a nuestro mundo.

— No funcionará. — Renegué, quedamente. — Esto no acabaría. Recuerde lo que nos enseñaron: termina solamente cuando un bando sea eliminado.

— El único detalle que se le está yendo, hermanito, es que los que vamos a ser eliminados, somos nosotros. — Miguel hizo una pausa y, después de mirarnos uno a uno, recalcó la última palabra. — Nosotros. Así que si no les molesta, me gustaría largarme de aquí.

Nadie dijo nada. Sinceramente, en ese momento esperé una huida propagada, pero nada sucedió. Comprendí que nosotros estábamos literalmente muertos de miedo, pero igual éramos tercos. Ni Miguel, ni JJ, ni Andrés, ni yo desertaríamos. La suerte estaba echada y nada cambiaría nuestros sentimientos. El estallido de Miguel, era su manera de dejar escapar el miedo acumulado en su interior, desde el momento de conocer la noticia con la cual nos designaban como guardianes. No era la manera más apropiada, pero ayudó. Miré a mis amigos con respeto. ¿A qué endemoniados peligros nos enfrentaríamos? ¿Cómo libraríamos esas batallas? Y el interrogante más grande y atemorizante: ¿Ganaríamos?

— Lo que a mí me da piedra, es lo de Heitter. — JJ plantó un golpe en la mesa, con su formidable puño, haciéndola crujir lastimeramente. — ¿Cómo diablos nos la hizo? Siempre estaba con nosotros. La idea de ir al psicólogo fue de él... — Y entonces se interrumpió abruptamente.

— Él lo sabía desde el principio. — Terminó la idea Andrés, como si clavara con un golpe seco de martillo un clavo en un madero. Estaba cabizbajo, mirando la mesa, y las palabras que comenzaron a salir de su boca, nos quemaban como la erupción de un volcán. — Al principio, sólo buscaba guardianes para que se unieran a él. Cuando se dio cuenta de que nosotros éramos del otro bando, trató de evitar que fuéramos. ¿Recuerdan en el bar? Cuando habíamos tomado la decisión, él balbuceaba algo. Trataba de persuadirnos. — Paró un momento, organizando sus ideas. — Y cuando se dio cuenta de que era inútil, también prometió ir. — Levantó la cabeza y terminó la frase con un odio inenarrable, que salía desbocado desde lo más hondo de su interior. — Sólo que él, ya había estado aquí.

— ¡Qué hijo de puta! — Exclamó JJ apasionadamente y de nuevo dejó caer su descomunal puño sobre la mesa. — Lo único que quiero, es encontrarlo antes de que nada ocurra. Quiero ver la cara a ese perro, antes de partírsela.

— No. — Miguel fulminó a todos con la mirada. — Ahora ya sabemos quién es. No es sólo un golpe. — Tragó con dificultad. — Tendremos que matarle. — Terminó casi en un susurro.

Lentamente, ante mis ojos se formó la imagen de un Heitter destrozado, manando sangre, con la lengua afuera, y nosotros cuatro, danzando alegremente alrededor del cadáver. Sacudí con violencia la cabeza para alejar la imagen.

— ¡Tendremos que hacerlo! — Afirmó Miguel, al leer la negativa bien reflejada en nuestros rostros. — Piensen esto: ahora no es nuestro amigo. ¡Es un guardián enemigo y si no lo matamos, él nos matará!

Terminamos por comprender el sentido de sus palabras. Maldije en ese momento mi destino y deseé febrilmente que nada de esto hubiese ocurrido. Pero era muy tarde. Para nosotros, para Heitter, para el mundo, para el Universo.

Era tarde.

— Una botellita de algo fuerte no nos vendría nada mal. — Sonrió tristemente, JJ. — ¿Vamos a la taberna?

— ¿Cómo la pagamos?

— Ustedes no tienen que pagar nada aquí. Todo se les proveerá sin costo alguno. — Una voz melodiosa nos obligó, al unísono, a mirar la puerta. Ahí estaba Xillen. Sonriente, parada firmemente bajo el marco y mirándonos con cierta picardía en los ojos. — He tomado mi decisión. — Dijo con calma y se dirigió al centro de la habitación, mientras nos levantábamos apresurados para saludarla. — Me quedaré con ustedes. Sinceramente, no creo que venceremos. Sin embargo, elegí el bando de vosotros, porque si pierden este último enfrentamiento... No habrá más. Ustedes son los últimos guardianes buenos que quedan. Tal vez ustedes se han dado cuenta de ello, al percatarse del comportamiento de las personas en su mundo. Es un claro índice del poder que tiene, en este momento, el bando de los malos. Por ello es que se me ha permitido... — Se interrumpió de repente. — No... Me han obligado a tomar un bando. La imparcialidad debe terminar en el desarrollo de la última batalla. En el caso de que ganemos, volveré a recobrarla. Por ahora, soy un simple guardián, como lo son ustedes.

Se sentó y nos miró con atención. Ya no había lugar para razonamientos dudosos. La noticia era dura. Demasiado dura, como para detenerse a pensar en ella. Éramos los últimos. Era terrible pensar en las consecuencias para nuestro mundo, si nos derrotaban. Estaba fuera del alcance de mi imaginación.

¿Tercera guerra mundial?

¿Cuarta?

¿Quinta?

¿Cuántas más traería a nuestro sacudido planeta, nuestra derrota? No podíamos perder. No debíamos perder. Andrés, consternado, se rascaba la cabeza. Miguel, de nuevo en su postura de preocupación y JJ... Bueno, JJ estaba determinado a romper la mesa a punta de puñetazos. En este momento, debíamos mantener nuestra cordura. Decidí actuar.

— ¿Qué otras cosas no nos contaste, Xillen?

— Hay otras, pero no estoy en condición de decirlas. Fue la condición que se me impuso. Aunque conozca este titánico enfrentamiento, no tengo el derecho de sugerir ideas, únicamente ayudarles a combatir. En el momento apropiado, les diré todo lo que a ese momento en especial se refiere y no conozcan ustedes.

— ¿Cómo se desarrollarán las batallas?

— Ya les informaron que un bando elige el campo de batalla. Este ya fue elegido. — Hizo una pausa que me pareció fuera de lugar. — Es su planeta. El combate en sí, se desarrolla durante las diferentes épocas que vivió su planeta. Comenzando con lo que ustedes llaman prehistoria, hasta llegar al momento de ahora. En cada batalla se utilizarán las mejores armas de la época. Incluidas las vestiduras, cortesías, léxico y costumbres. Pero tengan en cuenta que ustedes no participan directamente en las batallas. No es una lucha cuerpo a cuerpo. Ustedes dirigirán a las almas a combatir contra otras. Al hallarse en este estado, ustedes son almas, lo mismo que muchas otras que se encuentran aquí. La única diferencia, es que ustedes tienen un cuerpo de verdad que arriesgan en la lucha, mientras que sus subordinados no. Ellos sí van a pelear cuerpo a cuerpo. Pero existen algunas excepciones... — Calló repentinamente.

— Bueno, — JJ dejó de golpear la mesa y nos miró con una alegría que comenzaba a desbordarle el rostro. — Eso es un dato bastante valioso Xillen. Esto aumenta bastante nuestras posibilidades.

— No te alegres demasiado, JJ. — Xillen lo miró con sus bellos ojos y pensé que JJ iba a estallar ahí mismo. Su rostro adquirió un color rojo intenso, comenzó a parpadear muy deprisa y sus puños se cerraron con fuerza, haciendo crujir las articulaciones. Esta era la típica reacción de JJ, al hablarle una mujer que le gustaba. En la universidad, solíamos burlarnos del pobre a cada momento, pero terminamos acostumbrándonos a sus precarias reacciones. — Recuerda que Vilikres fue derrotado anoche, junto con otros diez guardianes. — Continuó Xillen, haciendo caso omiso del color tomate del rostro de JJ. — Si ellos eran once, y nosotros sólo cinco, ¿sigues creyendo que tenemos alguna oportunidad?

 El silencio que siguió a esas palabras fue pesado. Xillen echó un baldado de agua fría a nuestro muy inestable estado de ánimo. En verdad, ¿cómo fueron derrotados Vilikres y los otros? Necesitábamos saber los detalles de la batalla... Por lo menos yo lo necesitaba.

— ¿Dónde se desarrolló la batalla, Xillen?

— Ustedes no conocen nada de estas batallas, aunque ocurrieron en su planeta. — Dijo Xillen a modo de introducción. —  Su historia no tiene ningún registro de ellas, existen meras suposiciones. — Nosotros no entendíamos, todavía, a lo que se refería. Lo notó y trató de explicarnos. — Las primeras batallas, registradas en su historia, son las de los cavernícolas. Sin embargo, estas batallas no fueron las primeras. La primera gran batalla, la desarrollaron vuestros lejanos antecesores: los primates. Fue una batalla, donde las armas que utilizaron, fueron garras y dientes... — Xillen se estremeció.

—...Y no garrotes, como lo plantea la historia. — Completó Andrés, totalmente absorto.

— Esto tuvo que ser en algún momento intermedio, después de que el primate bajara del árbol y antes de que cogiera el garrote, para defenderse. — Miguel estaba maravillado... de sus propios conocimientos de historia.

En ese momento, una idea reveladora comenzó a relumbrar en mi mente. Era evidente, mis amigos no conocieron a Vilikres y por tanto...

— ¡Esperen un momento! Esperen un condenado momento. — Grité, casi en éxtasis. — Ya sé porqué perdió Vilikres esa batalla. — Mis amigos y, para mi mayor placer Xillen, me miraron intrigados. — Ustedes no conocieron a Vilikres y no saben que su cuerpo era completamente llano. No tenía manos, brazos, boca, nada. No tenía absolutamente nada para enfrentar esa batalla. Me imagino que los que le hicieron frente, tenían que ser de la Tierra. No existe otra explicación. Vilikres se enfrentó con algo desconocido para él, por eso perdió.

— Eso explicaría el porqué once guardianes fueron eliminados en una batalla. — Analizó con calma, Miguel. — Ya me parecía extraño. Menos mal que te diste cuenta, creo que nos devolviste el alma al cuerpo, — miró a Xillen y agregó, — hablando en sentido figurado, por supuesto. — Sonrió suspicaz.

— ¿Qué les parece, si vamos a la taberna, ahora sí, por algo fuerte? — Siguió con su idea JJ, ahora más alegre que nunca. Se levantó y caminó a la puerta sin esperar nuestra respuesta. Creo que esa fue la primera vez, en todo el tiempo que yo lo conocía, que JJ tomó la iniciativa en algo.

Comparte este artículo

No hay comentarios

Deje su comentario

En respuesta a Some User