¿Por qué cuando uno quiere ver noticias ya sea en Internet, televisión, radio, periódico o una revista, más del 90% de estas son negativas, relacionadas con violencia y/o corrupción o que generan polémica? Es como si los periodistas no vieran que en el país (o en el mundo entero) pasaran cosas positivas. En los pocos casos que sí las publican, están relegadas u ocultas en medio de la avalancha de tinta roja, dando pie, como consecuencia, a una sensación de miedo y sinsentido de vida.

La respuesta es obvia y sencilla:

  • la violencia vende
  • el morbo vende
  • la polémica vende
  • el odio vende
  • el enfrentamiento vende

Eso es claro: los medios de información son un negocio y deben anteponer las ganancias a cualquier otra cosa en esta economía de capitalismo salvaje en el que vivimos y que rige el mundo entero. Según los economistas el bien no vende, por lo que queda relegado a la última línea de la agenda periodística.

Pero al enfocar las noticias en lo negativo hay consecuencias para los consumidores quienes terminan creyendo que el mundo está mal: que el odio y la violencia prevalecen, que hay que temer todo lo que es la vida; pensar solo en sí mismo, sin preocuparse por el prójimo ni por lo que nos rodea ya que “todo se está yendo al carajo”. Y lo que sigue es la degradación de los valores, ya que primará el individualismo sobre el colectivismo en un entorno que se cree salvaje y hostil, gracias a los medios.

¿Cuál es el fin del periodismo y de los periodistas?

Cuando estudiaba periodismo la teoría nos decía que nuestras funciones principales para la sociedad eran:

  • Informar
  • Educar
  • Enseñar
  • Denunciar

Pero al ver las noticias de hoy, puedo afirmar que con frecuencia las anteriores funciones se incumplen:

  • Se informa sobre hechos que generan dinero
  • La educación se limita a crucigramas y publicidad para instituciones educativas
  • No se enseña
  • Se denuncia solo a la contraparte de los dueños y/o patrocinadores del medio

Por ello puedo decir que la función de los medios de información se ha vuelto netamente mercantil, con una función destructiva dentro de la sociedad, al priorizar los ingresos sobre los valores y principios que antes eran la bandera de los periodistas.

Tal vez la prueba más evidente es simplemente ver a los presentadores más famosos de las cadenas más representativas a nivel mundial: cada vez  más son los que se vuelven portavoces de propaganda, dando información sesgada, politizada, mercantil y manipulada a su audiencia. Emitiendo opiniones sin consultar ni presentar a la contraparte y, en el poco probable caso de que la contraparte tenga la potestad y el conocimiento suficiente para defender su punto de vista, desprestigiarla o cortar su tiempo de transmisión…

El primer damnificado

La verdad se convierte en la víctima No. 1 de esta manipulación mediática. Y se priva del derecho de raciocinio y opinión a los consumidores de esta información manipulada. Porque no se les informa sino se les instruye. El periodista se vuelve un dogmático de su medio de información y convierte a sus espectadores en creyentes ciegos; en fanáticos.

Las consecuencias son más peligrosas de lo que suponen muchos de los “pensadores” de hoy. Destruyen la sociedad, ralentizan su crecimiento y su desarrollo. Esto se ve a mediano y largo plazo. A corto plazo se ven solo los beneficios para el medio informativo y el estado de shock de los consumidores.

Y la radicalización de la opinión del público es también mayor, llegando al extremo de odiar a la contraparte al punto de justificar la erradicación de su existencia y la de su prole, negándose a escuchar razones, por más justificadas que estas sean. Las guerras modernas son ejemplo claro y perfecto de ello. Con el agravante de que el público que participa indirectamente en ellas, trata el sufrimiento y la muerte de otros seres humanos como si fuese un partido de fútbol, donde sólo hay que estar pendiente del marcador: que los muertos del bando contrario sean mayores que los de uno… 

La otra cara de la moneda

Y, ¿dónde queda el bien? Porque el bien existe. Es innegable. Y me atrevería a afirmar que hay más bien que mal en el mundo.

Los seres humanos somos buenos por nuestra propia naturaleza. Es cierto el dicho: “el hombre nace bueno, la sociedad es la que lo corrompe”. Pero los medios informativos no tienen el tiempo para el bien. ¿Por qué?

Porque cuando el hombre tiene certeza de que es bueno, es difícil manipularlo para comprar un producto (ya sea material o inmaterial). Porque cuando el hombre sabe qué es el bien, ayudará al prójimo sin esperar recompensa. Y cuando hay conciencia para diferenciar el bien y el mal; lo moral de lo inmoral, con un eje de valores claro, un político no puede manipular a sus votantes con promesas vacías, sino únicamente con propuestas sólidas para su gobierno; ya que una persona que es expuesta al bien, querrá ser educada; querrá ser informada de forma imparcial; querrá conocer la verdad de su gobierno, de su país y el mundo entero. Tendrá hambre de conocimiento, ya que una buena información generará esa hambre.

Acá es donde el papel del lector/oyente/consumidor de información se convierte en muy importante. Es simplemente tener en cuenta la premisa de “no tragar entero” y poner en duda toda información que recibe a través de los diferentes medios. Más aún cuando diferentes versiones de la misma información están al alcance de un clic.

¿Qué hacer?

Tal vez el problema no es únicamente lo que los medios muestran, sino lo que nosotros estamos dispuestos a consumir sin cuestionar. Porque mientras el miedo, el odio y la polémica sigan capturando nuestra atención con facilidad, seguirán siendo el producto principal en la economía de capitalismo salvaje que hoy domina en el mundo.

La verdadera transformación no comienza en las redacciones, sino en la conciencia del espectador. En su capacidad de discernir, de cuestionar, de buscar más allá del titular. Porque el día en que el ser humano exija verdad, equilibrio y profundidad… ese día, el negocio también cambiará.

Entonces, ¿es posible cambiar esta manipulación? ¿Esta aparente superioridad mediática del mal sobre el bien? Yo creo firmemente que sí. Tan sólo nosotros debemos quererlo. El inversor venderá lo que más se consuma: bien o mal depende de lo que le genere ganancia.

Así que, ¿qué tipo de información quieres consumir tú?

 

 Abril 16 de 2026

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