Ojo por ojo. Diente por diente. Y, aún mejor: ambos ojos, ambos oídos y toda la caja de dientes. La horrible espiral de venganzas en el Oriente Medio continúa con su macabra e injustificable cosecha. No hay excusa para ninguno de los bandos. Y eso es innegable. Todos son culpables de un conflicto que lleva milenios sembrando de huesos la tierra considerada santa por una gran cantidad de humanos alrededor de este sufrido planeta.

Mares de tinta se han vertido analizando las causas del conflicto. Un sinfín de eruditos han tratado de justificar el actuar de los bandos que defienden o representan. Los “santos religiosos” buscan señales en sus respectivos libros sagrados, tratando de acomodar los versículos o los surás para que coincidan con sus intenciones y la coyuntura actual. Los más sanguinarios incluso justifican la erradicación misma de la simiente de su opositor.

¡Es absurdo! ¡Es la repetición de la repetidera a través de los milenios! Es sembrar nuevamente la venganza y sed de sangre en generaciones a venir. Y esas generaciones a venir (los que hoy son niños inocentes, con el horror, el miedo y la incomprensión reflejada en sus ojos) de nuevo seguirán los pasos de sus padres y abuelos, buscando venganzas por la muerte de sus seres queridos o sus antepasados, envenenados a más no dar con un odio cuyos orígenes ya es imposible rastrear a través de la historia de la humanidad.

Lo triste es que esto no sólo ocurre en el Oriente Medio. La gente alrededor del mundo parece haber perdido definitivamente la chaveta clamando por venganzas y sangre. Acá en Colombia conocemos muy bien ese rifirrafe sin fin, desde que Bolívar y Santander no pudieron compartir el poder… Y todos los mal llamados eruditos, intelectuales, conocedores y expertos se concentran en buscar al culpable. En responsabilizar a su oponente. Hacer que se vea más sangriento de lo que se ven ellos…

Tal vez lo que más me horroriza es que ninguno se toma la molestia de pensar en cómo finalizar el conflicto. En cómo terminar un sinfín de miserias y destrucción para dar paso a la aceptación, al menos. No. Lo que quieren es destruir a su opositor. El problema es que, cuando este opositor es llevado contra la pared, en su odio y debilidad, recurre a la única opción posible: el terrorismo. Y no, señores, no es posible ganar la guerra al terrorismo, eso es claro. En este momento Israel está creando a los futuros terroristas, con cada bomba que lanza sobre Gaza; mientras que Hamas, con su injustificable, reprochable y abominable actuar, le da pie a Israel para justificar acciones que no tienen justificación. Es así de simple.

Hace un par de milenios existió un judío que dijo una frase que resuena hasta el día de hoy: “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, para evitar un linchamiento antes de que comenzara.

¿Qué frase sería la apropiada para detener un linchamiento que ya comenzó? ¿Qué lo parará? Y la pregunta esencial: ¿cómo evitar que vuelva a suceder? No solo en el Oriente Medio, sino en todo el mundo…

Y la verdad, no encuentro una respuesta, mientras este círculo vicioso de venganzas y resentimientos siga siendo azuzado por políticos inescrupulosos y personajes trastornados deseando retribución por hechos que sucedieron décadas, cientos de años o incluso milenios antes de que nacieran.

Rezo por Israel. Rezo por Palestina. Rezo por Colombia y por el resto del mundo.

Y lo único que pido es paz.

 

Jueves, Octubre 12 de 2023

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