El ciego y el color azul

¿Cómo explicar a un ciego de nacimiento como es el color azul? Es más, ¿cómo explicarle que el mundo está lleno de colores? Y no solamente los básicos, sino que son millones. ¿Habría un método científico para hacerlo? La verdad no lo creo. Ni siquiera me consideraría capaz de explicar cómo o qué es el color azul a alguien que sí ve, menos a alguien ciego. La única forma que conozco para hacerlo, es mostrar un objeto de ese color.

Los que vemos tenemos acceso a un mundo que los ciegos no conocen a pesar de estar en él. Compartimos con ellos el mismo mundo, respiramos el mismo aire, comemos la misma comida, usamos el mismo medio de transporte y, sin embargo, es como si estuviésemos en realidades distintas, en dimensiones distintas, en mundos paralelos… Y todo porque la percepción de la realidad es diferente.

 Fe

La cuestión acá no es una aproximación de lástima o superioridad. Es simplemente comprender que la forma en la que un ciego interpreta la realidad es un poco diferente a como lo hace aquel que ve. El caso de un sordo sería parecido. Éste sí ve, pero no percibe la realidad a través de los sonidos como lo hacemos aquellos que sí escuchamos. De nuevo recalco que esto no nos hace superiores, inferiores o de alguna forma diferentes. Y de todas formas a pesar de vivir en la misma realidad, la interpretamos de una forma diferente al ser nuestra percepción distinta. Esto es un hecho y no tiene discusión.

Ahora bien, es claro que nosotros vivimos en la tercera dimensión. También está científicamente demostrado que existen otras dimensiones. Y no estoy hablando de mundos paralelos (teorías sin comprobar), sino de hechos matemáticos probados por el método científico. Por ejemplo, el cálculo de varias variables define que hay N cantidad de vectores y por ende N cantidad de dimensiones. No obstante, la teoría se queda ahí, ya que no podemos crear un modelo fácil de explicar de la cuarta dimensión. Podemos explicar la primera dimensión, la segunda dimensión y, obviamente, la tercera. Y hasta ahí. De la cuarta en adelante nos quedamos en meras suposiciones. La razón es muy sencilla: carecemos del sentido que nos permitiría “experimentar” la cuarta dimensión.

Es más, hoy por hoy, en pleno siglo XXI, con los avances tecnológicos que tenemos, aún no somos capaces de definir o de explicar cómo sería la cuarta dimensión de tal forma que todos lo comprendamos. Mucho menos podemos hablar de la quinta, sexta, séptima, etc.

Ahora bien, imaginemos por un momento que alguien de la cuarta, quinta o cualquiera de las otras dimensiones quiera explicarnos su dimensión. ¿Seríamos capaces de entenderle? No lo creo. Aquí es donde nosotros nos volvemos el ciego que quiere comprender cómo es el color azul y sin embargo no hay una forma de explicárselo.

Los seres humanos somos seres de percepciones y necesitamos usar nuestros cinco sentidos para disfrutar y comprender la realidad de la dimensión en la que vivimos. Para creer y aceptar necesitamos que el hecho que queramos creer o aceptar sea aprobado por nuestros sentidos. Si no es así, entonces nuestra mente nos dice que no es real. A menos de que conscientemente decidamos que esa realidad exista.

Y, sin embargo, siguiendo con el ejemplo del ciego, cada vez que alguien le dice que tal cosa es de color azul, rojo, verde o aguamarina, el ciego hace un acto de fe y nos cree de palabra. Es decir, el ciego conscientemente decide que existe la realidad en la cual es explicable el color azul. Él mismo hace su interpretación de cómo es ese color. Y probablemente lo asocie con algo que sea comprensible para él e innegablemente incomprensible para nosotros.

La fe del ciego

Es en este momento donde aparece una constante presente en todo ser humano. Esa constante se llama fe. Cuando nosotros nos enfrentamos a algo que no tiene explicación tenemos dos opciones: la primera es negarla y la segunda es hacer un acto de fe y, por lo menos, aceptar su existencia. Y no importa a qué clase social pertenezcamos, cuáles son nuestros conocimientos, qué educación recibimos, a qué religión pertenecemos, en qué continente nacimos. Ya que la fe no requiere etiquetas y es inherente a todo ser humano.

La fe es precisamente ese puente que nos permite unificar realidades y explicar nuestra propia existencia. Es el impulso que nos lleva dar ese primer paso, el más difícil de todos. Es esa energía que inspira la creatividad, invento o descubrimiento. Es lo que nos lleva a ir más allá. A creer en que existe algo más… Independientemente de lo que sea… La fe es la llave a las puertas de lo desconocido.

Erróneamente muchas personas tienden a asociar la fe con la religión. La fe no forma parte de la religión; la religión sí forma parte de la fe. Y demostrarlo es muy sencillo: en los 2000 años de la cristiandad la religión cristiana ha sufrido muchas modificaciones y ramificaciones (con sectas incluidas), pero la fe en Dios sigue intacta.

La Real Academia Española define la fe de muchas formas (1). Sin embargo, todas las definiciones tienen una base y esa base es creencia. Es decir, hay que creer sin necesidad de comprobar. Ya sea el conjunto de creencias de una religión o un acto de fe del notario, siempre hay que creer.

Definición de fe - RAE

Claro está que la fe no es propiedad exclusiva de una religión. Los actos de fe se dan en todos lados, en todo momento; tanto en creyentes como en ateos, en científicos y en religiosos, en hombres de bien y en hombres de mal. Toda persona mala tiene fe en que se saldrá con la suya, y toda persona buena tiene fe en que ella es buena.

Es más, todo científico (por más ateo que sea) hace un acto de fe al dedicar su vida a un descubrimiento particular. A una investigación, a una comprobación, inclusive cuando desarrolla una nueva teoría. Es decir, la fe está presente en todo momento de nuestra vida diaria, independientemente de la acción que estemos realizando.

Y este mismo acto de fe, tan inherente a todos nosotros, es el que practica el ciego cuando el vidente trata de explicar el color azul. Igual que todos nosotros tiene únicamente dos opciones: negar la existencia del color azul y seguir viviendo en el mundo de oscuridad que conoce (la realidad inherente a él), o hacer un acto de fe y aceptar que los colores sí existen (la realidad que jamás conocerá a través de sus sentidos).

Ahora bien, creer en Dios es precisamente ese mismo acto de fe que realiza el ciego cuando se le explica el color azul (la decisión de creer en su existencia o no hacerlo). No hay método científico que demuestre al ciego la existencia de color. De la misma forma como no hay método científico que demuestre o niegue la existencia de Dios. Es simple: es un acto de fe.

Claro está que el ciego queda enteramente a la disposición del vidente. Deposita su confianza en el mismo cuando se da el acto de fe y cree en el color azul.

Afortunadamente para el ciego, hay otros sentidos que él puede explorar para comprender la realidad en la que vive. Esos sentidos no le permitirán entender lo que es el color azul, pero sentarán una base que aproxima la realidad del ciego a la realidad del vidente y por ende se crea la posibilidad de que el acto de fe exista. El ciego y el vidente comparten cuatro de los cinco sentidos, lo que hace más fácil para que el ciego confíe en el vidente y se dé lugar al acto de fe.

El mismo caso aplica para aceptar o no aceptar la existencia de un Creador del universo, ser superior, o como usted decida llamarlo; o elegir no creer en él/ella. Los seres humanos tenemos otros sentidos además de una mente que nos permite procesar lo que experimentamos en esta vida y elegir asociarlo o no con la existencia de un Creador o un ser superior. Esos mismos sentidos son los que nos llevan a dudar, a pensar que hay algo más allá y abre las puertas de la posibilidad de la existencia de lo paranormal. (2)

A modo de conclusión

Dice el dicho que “la fe mueve montañas”; sin embargo, creo que se queda corto ya que la fe permite crear mundos. Permite hacer descubrimientos. Permite ir más allá de lo que el hombre puede imaginar. Abre puertas que la inteligencia no es capaz de abrir. La fe es la que permite ir adelante cuando ya no queda esperanza. Y es la responsable de crear lo imposible.

Por eso es importante comprender que la fe no es lo mismo que la religión. La fe no requiere de instrucciones, de epítetos o restricciones. Es inmune a ellos. Y cuando la gente tiende a confundir y achacar a la religión los problemas de fe, comete un error muy grande, ya que trata encasillar algo (la fe) en algo (religión) en lo que no es posible encasillarla, tan solo aparentar que encaja y tratar de limitar mediante dogmas su indomable alcance. Y de ahí nacen las confusiones que no permiten encontrar un común denominador entre aquellos que creen en un ser superior y aquellos que no, así como entre las diferentes religiones que pretenden reclamar la potestad y propiedad sobre la fe humana.

Personalmente tengo fe en que algún día el mal desaparezca este planeta. Tengo fe en que el Creador si existe. Tengo fe en que el mundo es ideal por más de que nosotros los seres humanos queramos demostrarnos a nosotros mismos que ello no es así. Por más de que destruyamos este mundo, tengo fe en que jamás llegará el momento de su destrucción total, puesto que nosotros somos inteligentes y tenemos en nuestras manos la capacidad de detener esta destrucción. Y tengo fe que algún día esa destrucción parará y los seres humanos nos dediquemos a crear, proteger, cuidar y amar este planeta, como ha debido ser desde el principio.

Y lo más importante, también tengo fe de que algún día, gracias a los científicos que también tienen fe en su propio trabajo, el ciego pueda ver el color azul. El sordo pueda oír el canto del canario, y el cojo pueda volver a caminar. Precisamente los milagros que aparecen descritos en la Biblia y que nuestros científicos están un pelo de conseguir que así sea.

Tengo fe en el ser humano.

Abril 02, 2018

 

 


(1) www.rae.es. Consulta realizada el 31/03/2018.

(2) Personalmente la observación me ha funcionado bastante bien para demostrar para mí mismo si no la existencia de Dios, sí la confirmación de que el mundo en el que vivimos responde a las características de una ingeniería superior; de la intervención de un Creador. Y que nada ocurre en este planeta por causa de un accidente o casualidad. Claro está que, para que la observación funcione, se requiere una condición esencial: dejar a un lado los prejuicios y las bases de las teorías que actualmente son aceptadas.

 

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